Hay amistades que cambian con el tiempo y hay otras que, por más que pasen los años, siguen siendo exactamente las mismas.
Hace unos meses falleció mi mejor amigo, Valentín, y desde entonces he pensado mucho en él. Aunque ya no nos veíamos seguido, nunca dejamos de estar en contacto, a veces por un mensaje, a veces por un audio y cada conversación parecía borrar por un rato todos los años que habían pasado.
Muchas veces pensamos que la amistad depende de verse seguido, pero con algunas personas no funciona así. Hay amistades que se sostienen en el cariño, en los recuerdos compartidos y en la certeza de que, aunque pase el tiempo, cuando vuelvan a hablar todo va a seguir estando ahí.
Muchas veces creemos conocer a las personas porque las vemos sonreír o porque parecen estar bien. Pero la realidad es que no siempre sabemos qué está viviendo alguien por dentro.
Por eso hablar de salud mental también es hablar de escuchar, de acompañar, de preguntar cómo está alguien y quedarnos a escuchar la respuesta.
No esperemos siempre al momento perfecto para llamar a alguien. Porque no deberíamos esperar a que sea tarde para decirles a las personas que queremos lo importantes que son para nosotros.